Vacaciones ardientes

Era verano, estaba de vacaciones con unos amigos en la playa. Alquilamos un apartamento durante un fin de semana y allí nos fuimos. A desconectar de la rutina del día a día.

Éramos cinco personas, tres chicas y dos chicos. Mis amigas ya le tenían el ojo echado al chico correspondiente. La verdad es que no sentía una atracción especial por ninguno, y no me importó. Solo estaba allí para pasarlo bien durante un par de días, sin obligaciones ni responsabilidades. Tenía que limitarme a disfrutar.

El primer día nada más llegar, tras instalarnos en la casa, nos fuimos directamente a la playa. Habíamos oído que por la noche había un concierto en el chiringuito y la idea era volver de madrugada o incluso no volver… Todo dependía de como fuera todo.

Nos lo pasamos muy bien. Además, la playa era preciosa, la arena blanca y limpia, reluciente, y el agua del mar tan cristalina que veías el fondo con total claridad. Daban ganas de quedarse allí a vivir.

En la orilla había un grupo de chicos más o menos de nuestra edad, jugando al voleibol. Una de mis amigas y yo, estábamos disfrutando de un buen baño marino nadando tranquilamente cuando de repente, el balón cayó a escasos centímetros de mi cabeza, asustándome.

 

  • ¡Lo siento! – Gritó el chico moreno mientras corría hacia nosotras.

 

Mis ojos no podían apartarse de aquel chico, podía verlo a cámara lenta acercándose a nosotras. Con ese cuerpo perfecto y marcado, la piel bronceada y esos ojazos azules capaces de embrujar a cualquiera.

 

  • ¿Te he dado?

 

Lo tenía justo frente a mí, sonriendo con una deslumbrante dentadura blanca perfecta.
Le dije que no, que me había salvado por poco de llevarme aquel balonazo y ambos reímos.

 

  • Me llamo Marcos. – Se presentó.

 

Educadamente, me presenté yo también. Después de eso, nos dijo que si queríamos luego podíamos quedar en el chiringuito a tomar algo, que él y sus amigos iban a estar allí,  cogió el balón y se fue.

El día pasó y cayó la noche. Nos sentamos en una de las mesas del chiringuito y pedimos unos mojitos para refrescarnos.

Allí, entre la gente pude ver a Marcos y sus amigos, esperé que nuestras miradas coincidieran y le saludé sonriente, invitándole a venir con nosotros. Tenía ganas de conocerle mejor…

El chico pilló la invitación y rápidamente, se acercó a la mesa.

 

  • Hola de nuevo. ¿Puedo sentarme?

 

Claro que si. Se sentó con nosotros, concretamente a mi lado, y luego vinieron sus amigos también. Poco después las luces bajaron de intensidad, comenzaba el concierto. Un concierto íntimo, en un pequeño escenario allí al lado de la barra. Una de las camareras subió, agarró el micro y presentó al cantante que apareció de entre la gente con su guitarra colgada.

Se sentó en una silla alta, y empezó a tocar.

Allí nos quedamos, bebiendo mientras veíamos el espectáculo.

A medida que el alcohol comenzaba a subir, Marcos y yo nos volviamos más cercanos, mi sexo empezó a calentarse y mojarse descaradamente y mis labios provocaban a los suyos, deseosos por ser mordidos.

Sin pensarlo, me lancé y le besé. Luego me quedé unos segundos mirándole a los ojos, esperando que él diera el segundo paso… No tuve que esperar demasiado.

 

  • ¿Vienes conmigo a dar un paseo? – Me preguntó mientras me cogía la mano.

 

Sonreí, me puse en pie y nos alejamos de allí poco a poco. Comenzamos a andar, coqueteando como los jóvenes que éramos. Cuando nos habíamos alejado lo suficiente, le agarré del cuello y comencé a besarle pero esta vez con más pasión y furia. Pasando mi mano por sus abdominales perfectos. Sus manos empezaron a agarrarme la cintura y fueron bajando por mi trasero para empujaron contra él.

El chico tenía un buen aparato, ya podía notarlo duro entre sus piernas haciendo que empezara a perder el control.

 

Nos tumbamos en la arena, completamente excitados, calientes… Sus labios me recorrían de arriba a abajo. Jugando con miz peones erectos y descendiendo por mi tripa…  Me moría de ganas por sentir como me penetraba allí mismo.

Se bajó el bañador y por fin pude ver su maravilloso miembro preparado para jugar. Ojalá hubiera podido probarlo pero el chico pasó directamente a la acción, me agarró las manos fuerte, a ambos lados de mi cabeza y de un golpe seco me penetró sin avisar haciendo que soltara un grito de placer…

 

 

 

Una respuesta a “Vacaciones ardientes”

  1. Marcelo

    Me imagino la buena suerte de disfrutar de tu cuerpo como Marcos! Qué espontaneidad y tranquilidad para dejar fluir el deseo sin más ni menos… Me has hecho vivir esta experiencia como em primera mano y como si yo fuera Marco…

    Xxxxx

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