Una vida nueva

Mi amante a contrarreloj de hoy era un tanto especial. Era un ex – actor porno con mucha experiencia en el sector.  Hacía varios años que se había retirado porque necesitaba un cambio de vida radical.

No sé por qué ni cómo llegó hasta nosotras, no me dijo nada, sólo sé que me eligió a mí y que tenía todo preparado para nuestra cita concertada.

Antes de que pasara a recogerme, como siempre, me di un buen baño de espuma relajante para estar radiante cuando quedara con él.
A las nueve en punto, estaba en mi puerta esperando dentro de su increíble coche.

  • Hola, Anthony. – Saludé al verle.
  • Hola, preciosa. – Contestó él mientras me besaba la mejilla.

Anthony era un hombre impresionante. Tenía un cuerpo que parecía forjado por los dioses. Completamente musculado y perfecto, alto, pelo rapado y unos ojos verdes que enamoraban. Era un auténtico placer que me hubiera elegido a mí para pasar una noche a su lado.

Subimos a su automóvil y partimos hasta el restaurante elegido. Teníamos una reserva para nosotros. Durante el trayecto estuvimos hablando, me contó un poco sobre su vida, la de cuando se dedicaba al porno y la que vivía en la actualidad. Lo único que diré es que había venido a vernos porque decía que quería estar con una mujer para la que el sexo fuera más que eso. Quería compartir una noche pasional con alguien con quien no se aburriera… No supe muy bien como tomarme aquello, pero lo asimilé.

Dejamos las llaves al aparcacoches, y entramos al local.

  • Que elegante… – Dije mientras observaba todo al detalle.
  • Para nosotros, lo mejor de lo mejor. – Dijo él sonriendo.

El restaurante era de lujo. Todo blanco y marrón, perfectamente decorado, simple pero precioso, elegante, como había dicho antes.

Un empleado nos acompañó hasta nuestra mesa e inmediatamente después, nos sirvió las bebidas y tomó nota de lo que queríamos comer.

La noche fue muy agradable, era un hombre educado y sensual además tenía un sentido del humor exquisito. Nos reímos mucho. No podía ir mejor aquella cita.

Cuando acabamos de cenar, pagó gustosamente la cuenta y mientras nuestras miradas nos perforaban el alma, me dijo:

  • Ahora te voy a llevar al paraíso, nena.

Sentí como algo dentro de mí se estremecía, me puse nerviosa de pura ansia. Me moría de ganas de pasar a la acción, de ver su cuerpo completo desnudo y por supuesto, poder disfrutar de lo que escondía entre sus piernas.

Volvimos a subir al coche y fuimos directos al hotel. Si el restaurante había sido increíble, la suite que había alquilado para nosotros, aún lo era más.
Tenía unas vistas impresionantes, la ciudad se veía preciosa con todas sus luces…

Al entras fui directa al gran ventanal para poder admirar aquella visión y mientras estaba ensimismada, noté como sus brazos me rodeaban desde atrás.

Mi corazón se aceleró al notar su respiración en mi cogote, quise girarme para besarle pero me lo impidió.

  • No te muevas… Déjame a mí guiarte…

En ese momento, comenzó a pasar sus labios por mi cuello, haciéndome cerrar los ojos y mover el cuello hacia el otro lado para que tuviera libre acceso. Luego siguió bajando por mi hombro y con sus manos, bajó a cremallera trasera de mi vestido para comenzar a bajarlo poco a poco mientras me recorría con sus esponjosos labios.

Mi entrepierna comenzaba a humedecerse a pesar de que aún no habíamos hecho nada, ya estaba impaciente por sentirle.

Allí se quedó el vestido, tirado a mis pies, dejándome en ropa interior sólo para él.
Luego me desabrochó el sujetador y con delicadeza, me lo quitó completamente.

Yo seguía allí, delante de aquel ventanal de espaldas a Anthony. Entonces, sus manos comenzaron a pasar por mis pechos, agarrándolos y jugando con mis pezones duros, luego fue bajando por mi tripa hasta que se topó con mis braguitas de encaje. Un gran suspiro se escapó de mi interior… Continuó bajando y se adentró por dentro de ellas para comenzar a jugar con mi húmedo sexo haciendo que perdiera la poca cordura que me quedaba.
Pequeños gemidos comenzaban a salir…

  • Mírame… – Me susurró al oído.

Me di la vuelta despacio, agarró mis manos y las puso sobre su empalmado paquete. Ya estaba listo para comenzar a jugar un poco. Sonreí y comencé a desnudarle. Cada segundo que pasaba me acercaba más a su incansable miembro experimentado…

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