Sexo femenino

El calor sofocante terminaba de ahogar la ansiedad de esa tarde de sábado tan solitaria. Sola, sorprendida por un deseo incansable para el que mis manos exhaustas no eran suficientes…
Velas, un baño tibio para aumentar la excitación, una música diabólica incomprensiblemente aliada con la palpitación de mi entrepierna.En la pantalla se disfruta una impresionante escena de sexo libertino, intenso; era tan impuro que hasta la espuma que cubría mi pecho por encima del agua me hacía sentir la más sucia.
The End, la pantalla se apaga tras 103 minutos de sexo ininterrumpido, el agua, ya fría, no alcanza para saciar mi ansiedad de fulana ya con alma propia.
El tlf no sonó ni una sola vez para pronunciar mi nombre, estaba totalmente inerte, ajeno a mi ya mas que evidentes ganas de sexo.
Seguí curioseando un poco por la red, descubrí algunos anuncios de parejas jóvenes y muy atractivas que se ofrecían a cambio de una ínfima cantidad de euros, pero no, no era suficiente en esta ocasión, hoy quería mucho más.

Ahí estaba!!
Pareja joven y morbosa, amantes del sexo libre y el libertinaje…
Bendito foro!!

Todavía desnuda, con mi sexo empapado en contacto directo con la falsa piel de la silla de escritorio, la llamé:

B. – Hola :)! He visto en un anuncio que tu pareja y tú hacéis servicios de atención a mujeres.-

S. – Hola! Si, pero juntos solo te podemos atender de lunes a viernes, pero hay otras alternativas muy sugerentes.

No era lo que había pensado, los quería a ellos, pero se acababa el día y me sentía morir. Podía estar con él y cualquier otra chica, con él a solas, con ella a solas, con ella y cualquier otra chica… Combinarlo como quisiera, menos ellos 2 juntos. Así que pensé que de tantas opciones, seguro que alguna era la mía.

Cuando llegué a la puerta del edificio, la volví a llamar para confirmar el piso y la puerta. Pareció sorprenderse al oírme y sonrió notablemente.

Me abrió la puerta una mujer muy guapa de cara y que sonreía todo el tiempo. Morena con el pelo largo y recogido, un vestido poco elegante y una imagen no del todo cautivadora, pero seguía sonriendo y parecía encantada. Me gustó.
Hizo algunas presentaciones. Me decepcionó ver que la persona más atractiva de aquel sitio y que más y mejor se había preparado para la ocasión, era yo.
Finalmente me decidí por pasar un rato con ella. Le pedí que volviese el reloj hacia la pared y le pagué hora y medía de servicio por adelantado, como me pidió.

Salió a guardar el dinero y entró con un bote de gel íntimo y me mandó a la ducha.
Mi fantasía de una ducha lesbico/erótica había muerto en un instante.
Yo, costumbrada a disfrutar al máximo esos ratitos que paso en remojo con mis clientes, pero…, ella seguía sonriendo, y yo necesitaba alimentar el alma de fulana que me ahogaba desde hacía tantas horas

Aunque me avisó de no sabía, le pedí que me diese un masaje en la camilla que había junto a la ventana. Me puse boca abajo y mientras sus manos no salían de un único recorrido que incluían mi espalda, mis piernas y mis brazos.
Le pregunté si era posible invitar a aquel masaje a su compañera, la que sí sabía hacerlos.

Después de cobrarme el correspondiente suplemento por pasar la hora y media con las dos, la invitó a pasar.

Seguí boca abajo, receptiva, dispuesta, suplicante. Cuatro manos recorrían ahora mi espalda, piernas y brazos. Para cuando una de esas manos se acerco a mi sexo, la humedad evidenciaba ya lo innegable.
Sonreían las dos y la situación iba cogiendo el color que yo quería darle. El olor a hembra excitada rezumaba en el ambiente y sus besos eran tan húmedos y calientes que en alguna ocasión no sabía si las besaba o me alimentaba de ellas.

Ya boca arriba, las observaba, las analizaba, una alta y otra bajita, una rubia y otra morena, una muy delgada y otra con algún kilo de más, tan distintas entre ellas y tan fulanas como yo.

La más gordita lamía mi sexo con el mismo ansia y con las mismas ganas con las que yo, arrodillada como cualquier perra en postura de espera, me sublevo excitada mientras mi lengua viperina va felando miembros desconocidos.
Ella lame suave, acolchado, con su lengua abierta perfectamente amoldada a la forma de mis labios, exactamente igual que la otra lamía mi boca, me regalaba unos besos más emputecidos que la propia profesión. Tres putas en aquella habitación, putas por encima del dinero, del propio sexo y del vicio.

No se si eramos tres mujeres sucias y muy putas o tres sucias putas muy mujeres. Tres perras, dos arneses y la voluntad emputecida y deseosa de ser sometida, utilizada y obligada era todo lo que hacía falta allí y lo teníamos todo…

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