No siento nada

Hace un tiempo tuve una cita con un amante a contrarreloj que no me dejó indiferente.
Era un hombre mayor, viudo y con unos gustos sexuales fuertes. Le gustaba el sexo duro, nada de juegos ni de cariños, sólo acción constante.

Este hombre, llamémosle Paul, hacía quince años que perdió a su mujer, y dice que desde entonces no sentía nada. Era incapaz de sentir algo, como si algo dentro de él se hubiera congelado y no le dejara sentir. Lo único que le hacía sentirse vivo era el sexo y por eso estaba allí. Quería probar con una chica como yo, una chica sin miedo y sin vergüenzas que simplemente se limitara a disfrutar y a hacer disfrutar a otros.

Me citó en un hotel bastante caro, a las diez de la noche. No habría nada más que sexo en aquella habitación. Ni conversaciones, ni caricias, ni besos siquiera. En realidad aquello me inquietaba, porque no sabía cómo sería la cita. No sé si podría hacer algo que él no quisiera o algo…

Me di un baño en casa, tranquilamente. Me vestí, me maquillé, me peiné… Y cuando estuve preparada y la hora se acercaba, me puse en camino hacia el hotel para encontrarme con mi insensible amante. Tenía curiosidad por descubrir como de insensible era en realidad.

Cuando llegué al hotel no había nadie en la puerta esperando, por un momento pensé que se había echado atrás o que le había pasado algo, y la verdad es que me preocupé un poco. Tenía muchas ganas de pasar un buen rato en su compañía y ver de lo que era capaz un hombre como él.
Cogí el teléfono y le llamé. Tenía que asegurarme de que la cita seguía en pie y no quedarme allí esperando demasiado tiempo y sin razón.

  • De acuerdo. Entonces te veo en un minuto… Hasta ahora.

Por suerte todo seguía en pie, el plan era el mismo que me dijo horas antes. Había llegado antes de lo que pensaba, había cogido la llave y me estaba esperando en la habitación.
¿Qué me encontraría al otro lado de la puerta? ¿Estaría sentado tranquilamente haciendo cualquier cosa o me estaría esperando desnudo sobre la cama, preparado para que me lo comenzara a follar nada más entrar allí dentro?

Con la simple imagen de su cuerpo denudo y su verga apuntando hacia arriba esperándome… Empecé a notar como un descarado cosquilleo me recorría por dentro incitándome a subir allí inmediatamente. Le hice caso a mi cuerpo y entré rápidamente al hotel y subí en el ascensor tras saludar amablemente a la recepcionista.

Al bajar de allí, me dirigí a la puerta, al final de un largo pasillo y llegué a mi destino.
No negaré que me puse nerviosa, pero cerré el puño y llamé a la puerta. Su voz al otro lado avisándome de que estaba abierta, me dio paso.

Abrí despacio y me adentré en la habitación.

  • Estaba deseando que llegaras… – Dijo Paul.

Uno de los pensamientos que se pasaron mi cabeza minutos antes, era correcto. Estaba esperando  desnudo sobre la cama, mientras se tocaba el pene para que estuviera preparado cuando yo llegara.

No pude evitar que una sonrisa se dibujara en mis labios.
Mi sexo empezó a mojarse solo al verlo allí preparado para que me volviera completamente loca y comenzara a hacerle gozar como nunca antes lo había hecho.

Mientras me acercaba a él, fui desnudándome sensualmente, bajando los tirantes de mi vestido, desabrochando la cremallera lateral y bajándolo poco a poco hasta dejarlo tirado en el suelo. Me puse sobre él, por encima de su cintura, y me desabroché el sujetador. Cogí sus manos y las puse sobre mis pechos expuestos y deseosos. Luego las fui bajando y las pasé por mi caliente entrepierna para que notara lo que había provocado en mí sin ni siquiera tocarme.

Parecía que aquello le gustaba. Me desnudé por completo y me toqué un poco, para humedecer bien la zona, no íbamos a entretenernos. Era su deseo y yo era buena sumisa cuando se requería. Introduje dos de mis dedos en mi interior y se los di a probar…

Luego cogí su polla dura y la coloqué en mi excitada cueva, me moría de ganas por cabalgar sobre aquel hombre y conseguir que se corriera gracias a mi mientras yo también gozaba de un buen orgasmo.

Me puse en cuclillas, cerré los ojos y bajé hasta el fondo de una sentada… Noté como me penetraba completamente, hasta que sus testículos chocaron con mi trasero. Sus ojos se pusieron en blanco… Me agarró por la cintura y comencé a follármelo con furia…

Paul tenía que recordar este momento, siempre.

 

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