Luz de luna

Hay veces que saber lo qué pasará no es tan excitante como no saberlo. Eso es lo que me pasaba con Javier, un cliente asiduo con el que nunca sabías que iba a pasar en la cita.
Habíamos hecho multitud de cosas a estas alturas de la vida, nunca habíamos repetido lugar, cada una de nuestras citas concertadas habían sido diferentes aunque en todas acabáramos fundiéndonos en un solo cuerpo. Esta noche tendríamos un nuevo encuentro y nada más confirmarlo, mi cuerpo comenzó a excitarse con la sola idea de estar con él.

Pasaría a recogerme antes de la cena para llevarme a un restaurante y después de eso ya no sabía nada más. Sólo tendría que limitarme a dejarme guiar por aquel hombre que a veces confundía con un mago por sus cualidades para sorprenderte.

Estaba dándome el último retoque ante el espejo cuando escuché la bocina del coche de Javier. Ya estaba en mi puerta esperándome. Los nervios comenzaron a aflorar.

Salí de mi casa, sonriente y subí a su auto. Nos saludamos con dos besos en las mejillas y emprendimos el camino.

La noche comenzó tranquila, en un restaurante de calidad, en un lugar reservado e íntimo. La comida era exquisita y el trato inmejorable. Estuvimos disfrutando de la velada, hablando, riendo… Creo que cualquiera que nos viera desde fuera, sin tener consciencia de lo que éramos realmente, pensarían que se trataba de una pareja que está pasando una romántica velada.

Después de una hora más o menos, pidió la cuenta y nos fuimos de allí. Una vez fuera…

  • Y ahora, ¿dónde me llevarás? – Pregunté curiosa e impaciente.
  • Creo que me conoces lo suficiente como para saber que no te lo voy a decir. – Contestó sonriente.

Mis ganas de sexo aumentaban sin darme cuenta. Sabía que era lo que se escondía debajo de aquel pantalón negro y me gustaba demasiado… El hombre era todo un prodigio.

Me agarró de la mano y comenzamos a pasear por la ciudad. Me resultó un poco extraño porque no era algo a lo que me tuviera acostumbrada, normalmente siempre íbamos más al grano, directos a la cama o a donde fuera.

Realmente parecíamos una pareja de enamorados cualquiera pero aquello era otra cosa mucho más… carnal.

Después de un rato caminando, llegamos a un mirador completamente solitario. Las vistas eran increíbles, conocía de su existencia por otras personas que habían estado ahí pero era mi primera vez.

  • He pensado que te gustaría ver conmigo las segundas mejores vistas del mundo… – Me dijo al oído mientras me abrazaba por detrás.
  • Son preciosas… – Contesté anonadada. – Un momento, ¿y cuáles son tus primeras mejores vistas? – Pregunté curiosa.
  • La tengo justo frente a mí…

No mentiré. Cuando me dijo eso pensé “seguro que se lo dice a todas” pero luego sonreí y me dije que aunque eso fuera cierto, ahora era yo la que lo había escuchado y justo en ese momento, comenzó a besarme con pasión.

Notar sus manos grandes apretando mi cintura me hacía perder el norte Creo que había llegado el momento de pasar a la acción, allí mismo. En aquel lugar al aire libre y a oscuras solo iluminado por la luna. Esa luna que sería testigo de las perversidades que íbamos a cometer.

Mientras nos besábamos y recorríamos nuestros cuerpos con las manos, su miembro comenzaba a endurecerse y agrandar en tamaño haciendo que su imagen viniera a mi mente e hiciera que mi juguetona entrepierna comenzara a humedecerse deseosa.

Un momento después, una mano grande se coló bajo mi ropa interior y comenzó a jugar con el botoncito de placer… Mi siguiente paso sería sencillo, arrodillarme ante él y devorarlo como nunca antes lo había hecho mientras esa preciosa luna llena se reflejaba en sus ojos.

Una respuesta a “Luz de luna”

  1. Carlos

    Interesante historia , aunque quedo un poco corta para la fantasias.

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