Húmeda Bajo la Ducha

Tenía las pupilas dilatadas, allí, frente al espejo, sudorosa, nerviosa y excitada, como si aquella fuese la última oportunidad que tenía de saciar mi lívido.
Me sentía abrumada, todo cuanto miraba despertaba mis ganas de sexo, así que me metí en la ducha con la intención de calmar aquella sed.
El agua caía desde arriba, tibia, recorría mi cuerpo como si del mejor amante se tratara. Solo había que dejarse llevar.
Mi imaginación estaba ya en su momento más álgido. Cerraba los ojos y veía a todos esos hombres, todas esas bocas. Había tantas manos encima de mí que resultaba imposible saber a cuanta gente habíamos invitado mi imaginación y yo para compartir aquella maravillosa fantasía.
En cuestión de segundos estaba totalmente doblada, como si de una U se tratara. Un falo exquisito perforaba mi más sagrada intimidad mientras mi boca felaba cuantos penes le pusieran por delante. Sacaba mi lengua y lamía… Lamía buscando que aquellas pollas extasiaran en mi boca, en mi cara, quería estar sucia de sexo, necesitaba que aquellos vigorosos hombres calmaran la ansiedad que tanto me emputecía.
Notaba como aquellos miembros se hinchaban en mi boca, podía lamer sus venas una a una. Por momentos violaban mi boca con la misma brutalidad con la que un Amo severo enseña modales a su perrita más impertinente. Delicioso!
Sentía como una gran verga acariciaba la entrada de mi ano en aviso de una embestida salvaje.

Casi no me tenía en pie y sentía como todos ellos me sostenían en volandas..

El agua empezó a caer helada…. Mierda, la caldera me estropeó el final!!

Leyes la segunda parte…

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