Escapada salvaje

Esta mañana he encontrado un álbum de fotos de hace ya varios años, donde salía con unos amigos con los que fui a Ibiza unos días, en plan aventura.

Éramos un grupo de seis amigos, habíamos acabado el instituto y queríamos escaparnos y disfrutar del verano en otro lugar. Estuvimos hablando y se nos ocurrió la idea de ir a Ibiza.
Como dentro de poco era el cumpleaños de Cristina, pensamos que sería buena idea celebrarlo allí, por todo lo alto. Ya sabéis lo que se dice de aquel paraíso…

Lo planificamos todo, compramos los billetes, alquilamos el hotel y emprendimos nuestro viaje. Estábamos realmente excitados y eufóricos. Entre nosotros habían dos parejas pero el resto éramos simples compañeros y amigos, aunque no negaré que los chicos eran todos muy monos.

El trayecto en avión fue bastante tranquilo, alguna turbulencia pequeña pero poca cosa. No había ocurrido nada que nos hubiera hecho pasar un mal rato. Disfrutamos del vuelo.
Cuando aterrizamos, estábamos algo perdidos, el hotel no quedaba lejos del aeropuerto pero no conocíamos nada de allí. Salimos y cogimos un mapa para orientarnos.

  • Chicos, voy a ir un momento a la cafetería que necesito entrar al baño. – Dije señalando el lugar, frente a nosotros.
  • No tardes. – Me dijo Cristina mientras me guiñaba un ojo.

Crucé la calle y entré a la cafetería. Fui directa al baño pero al salir, pedí un vaso de agua. Sentía la boca seca.

  • Hola guapa. – Dijo una voz varonil a mi lado.

La cosa empezaba bien. Miré a mi izquierda y allí estaba esa persona que me había saludado. Era un chico más o menos de mi edad, algo mayor seguramente, tez morena, pelo negro y ojos castaños, muy guapo y con un cuerpo impresionante.

  • – Sonreí.
  • ¿Estás de vacaciones? – Preguntó sin demora.

Le dije que sí, y aproveché para preguntarle por el hotel, si era de allí, posiblemente podría guiarnos. No me equivocaba. El chico muy simpático, me dijo que él nos llevaba hasta allí, tenía un monovolumen de siete plazas. “El destino está de nuestra parte.” Pensé ilusionada. Salimos de allí y le conté a mis amigos lo que había sucedido. Acto seguido subimos en el coche.

El chico sin nombre nos llevó hasta la puerta del hotel, incluso me ayudó con la maleta.
Entramos y pedimos nuestras llaves.

  • Yo seré tu botones. – Me dijo mientras sonreía mostrando su perfecta dentadura blanca y bien cuidada.

No me negué. Su compañía era más que agradable.

Yo compartía habitación con Cristina, que era la otra chica soltera del grupo junto conmigo así que entramos los tres a la habitación mientras los demás se instalaban en sus respectivas habitaciones.

Soltamos las maletas y por mi parte, lo primero que hice fue tumbarme en la cama.

  • ¿Estás cansada, mi niña? – Preguntó pícaro sin quitarme el ojo de encima.
  • ¿Mi niña? – Le dije yo mientras le clavaba mi mirada en la suya.
  • Perdona si te molesté, es que soy muy cariñoso… – Volvió a sonreír.

La verdad es que no estaba cansada pero si me apetecía probar el colchón. Cristina había ido al baño a darse una ducha rápida antes de planificar nuestro siguiente paso.

  • ¿Cómo te llamas? – Me atreví a preguntar por fin, tenía curiosidad.
  • ¿Dónde se han quedado mis modales? – Rió. – Iker, me llamo Iker. – Dijo finalmente.

Entonces le ofrecí asiento a mi lado y le di las gracias por todo lo que había hecho. Comenzamos a hablar un poco, conociéndonos y entonces saltó la chispa definitiva.

  • Tienes unos ojos preciosos. – Me dijo a escasos milímetros, pude notar su aliento caliente chocando con mi rostro.

Hubo un momento de silencio, mientras nos mirábamos a los ojos. No nos resistimos a nuestros impulsos y comenzamos a besarnos con pasión sobre la cama. Se puso sobre mí y siguió besándome sin parar. Mis manos se colaron bajo su camiseta y empecé a tocar su espalda… Me había olvidado de que Cristina estaba en el baño, en la misma habitación de hotel que nosotros.

Seguimos tocándonos y besándonos. Pude notar como su miembro empezaba a endurecerse y mi ropa interior comenzaba a humedecerse sin control. Sus manos se metieron bajo mi camiseta y comenzaron a jugar con mis pechos. Un pequeño gemido se escapó de mi interior y justo en ese momento, salió Cristina del baño, pero nosotros no nos percatamos, estábamos muy entretenidos metiéndonos mano. Nos desabrochamos los pantalones y empezamos a jugar con nuestras zonas íntimas y deseosas. Cuando me penetró con dos de sus dedos y se me nubló la vista por un instante, noté como alguien se tumbaba a mi lado. Giré la cabeza y allí estaba ella… No iba a ser yo la que le diría que no podía jugar con nosotros.

 

 

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