El hombre inglés

Logan era un hombre inglés que venía cada cierto tiempo aquí para reuniones laborales.
En esta ocasión, yo sería su chica. Estuvimos hablando y congeniamos a la primera. Era una persona amable y cortés, además, me encantaba como hablaba, con ese típico acento inglés.
Era un hombre maduro pero se mantenía en forma. Pelo gris, perilla, ojos azules, tez blanca… Era alto y tenía una buena espalda. Cuando se giró para salir de allí, no pude evitar mirarle el trasero. No estaba nada mal.

Quedamos por la noche, tenía un almuerzo de empresa y cuando acabara quería verme. Me citó directamente en el hotel que había escogido para la ocasión.

Antes de salir de casa, me aseé como siempre. Un buen baño nunca puede faltar. Además, usé mi crema de avellana para después de la ducha que me dejaba a piel suave y brillante, y un olor difícil de olvidar. Era como mi gran marca.
Después de esto salí de casa y me dirigí en taxi hasta el hotel. Logan debería estar esperando en la habitación. Me moría de ganas por comenzar con aquella cita a contrarreloj.

Bajé del coche y me adentré en el edificio. Saludé a la recepcionista y antes de arriesgarme a subir y que no hubiera nadie, pregunté si el inquilino de la habitación estaba allí. Con una sonrisa y de forma muy amable, me confirmó su estancia. Logan estaba esperándome.

Ansiosa y sonriente, me dirigí hasta el ascensor. Esperé que las puertas se abrieran y pulsé el botón de la octava planta. Quedaban pocos segundos para quedarme a solas con mi amante. Sentía mucha curiosidad y mi sexo comenzó a hablarme. Tenía ganas de divertirse.

El sonido del ascensor me avisó de que había llegado a mi destino. Salí y caminando con seguridad sobre mis increíbles tacones, me dirigí hasta la puerta en cuestión. Cuando estaba frente a ella, cogí una bocanada de aire y llamé con delicadeza. Escuché como unos pasos se acercaban desde el otro lado y un segundo después, se abrió.

  • – Dijo Logan sonriente mientras me daba paso con su mano.
  • – Dije devolviéndole la sonrisa.

Logan me condujo hasta la sala de estar y me ofreció una copa de champagne que no pude rechazar. Nos adentramos en una conversación interesante y profunda, dejándome conocerle un poco hasta que sin darnos cuenta, esa conversación empezó a tornarse más picante. Hablando de relaciones sexuales, de experiencias y riéndonos de anécdotas que habíamos pasado.

Nos fuimos acercando. Mi mano se posó sobre su muslo y él con sus cálidas y grandes manos, la tomó entre las suyas para poco después, plantarle un beso.

No pude evitar sonreír. Era todo un galán. Poco a poco el ambiente se fue calentando cada vez más, nos llenamos de caricias furtivas, y me llevó de la mano hasta la cama.

Nos sentamos en ella, uno al lado del otro y por fin llegó ese momento. El momento en el que nuestros labios se fundieron en un primer beso de pasión desbordante.

Nuestras lenguas impacientes luchaban entre ellas y nuestras manos comenzaron a recorrernos con descaro. Justo en el momento en el que noté como sus manos apretaban mis pechos, la fulana que llevo dentro de mí salió a la luz y dejé el pudor a un lado.

Empujé a Logan hacia atrás, dejándolo tirado sobre la cama y me lancé encima como una fiera.
Empecé a desnudarlo con prisa hasta quitarle toda la ropa. Sus ojos expectantes me miraban desde abajo.

  • Aquí estás… – Susurré pícara.

Su miembro erecto estaba a mi entera disposición y tenía una pinta tan apetecible que no pude evitar acercar mi boca hasta él y darle un poco de amor. Comencé a devorarle como si no hubiera mañana, completamente fuera de mí, dominada por la lujuria. Deseosa de sentir como su leche me llenaba el rostro y luego sentarme sobre su preciosa polla y ponerme a cabalgar, salvaje, hasta que me hiciera llegar a las estrellas…

Dejar una respuesta