El esperado momento

Me encontraba de rodillas en el suelo con los ojos vendados. Notaba el frío de las losas debajo de mí y una presencia caliente justo delante. Era él, Mateo.

Mateo era un chico al que conocí en las nuevas clases optativas. Coincidíamos sólo dos horas a la semana pero desde el primer momento en el que nuestras miradas se cruzaron, notamos esa fuerte atracción que nos había traído a este punto en el que estábamos a punto de devorarnos.

Nos encontrábamos completamente desnudos después de una larga sesión de besos salvajes y húmedos acompañados de caricias furtivas y desgarradoras. Por fin pude ver su cuerpo moldeado y pude sentir el tacto de su piel. Llevábamos bastante tiempo aguantando las ganas y alargando esta insufrible agonía sexual.

Escuché como daba un paso hacia delante y algo duro rebotó contra mi nariz. Sí, su pene duro y erecto estaba apuntando hacia mí sin ningún tipo de pudor y me suplicaba que hiciera algo.
Una sonrisa se dibujó en mis labios, me moría de ganas por devorar su preciado manjar.
Lo agarré entre mis manos torpes a consecuencia de mi “ceguera” temporal y comencé a masturbarle con mimo, sintiendo como sus venas se iban hinchando y como su respiración comenzaba a acelerarse poco a poco.

Saqué mi lengua juguetona y la pasé por su húmedo capullo, notando su sabor. Seguí jugando con mis manos un poco más y después, abrí mi boca por completo e introduje su delicado miembro dentro de ella para comenzar a mamar con desespero.

Sus manos se agarraron a mi pelo y algún que otro gemido empezaba a escaparse de su interior, rebotando entre esas cuatro paredes que estaban siendo testigo de aquella sesión sexual adolescente sin preámbulos.

Seguí mamando e introduciéndola todo lo que podía dentro de mi boca. Quería tragármela entera pero era demasiado grande para mí, de momento. Noté como sus dedos se enredaban con más fuerza de lo normal en mi pelo y supe que eso significaba algo, dentro de poco le haría explotar como un volcán. No pude evitar que la locura se apropiara de mi ser, y aumenté la velocidad todo lo que pude, jugando con mis manos y con mi boca.
Efectivamente, poco después, vino la erupción salpicando sobre mi rostro vendado y lujurioso.

Después de eso, me quitó con delicadeza el vendaje de los ojos, devolviéndome la visión de nuevo y me acompañó al baño para que me aseara un poco mientras ambos reíamos satisfechos.

Fui directa al lavabo y abrí el grifo de agua fría, usando mis manos comencé a lavarme la cara. Mateo se puso detrás de mí y me abrazó con ternura, dejando su polla aún dura pegada a mi trasero. Ambos sonreímos mirándonos en el espejo. Entonces, una de sus manos se deslizó por mi vientre bajando hasta mi entrepierna y pasó dos de sus dedos por mi húmedo sexo.

  • Mmmm… Me encanta que estés así de mojada… – Me dijo al oído.

Todos los vellos de mi cuerpo se erizaron y mis ojos se cerraron disfrutando de aquello que acababa de pasar y deseando que pasara algo más. Me lo estaba pasando muy bien y había disfrutado de aquella mamada casi tanto como él, pero necesitaba notar algo dentro de mí y ese algo, era él.

Con fuerza, me giró con su brazo, quedándonos frente a frente, notando nuestro aliento en la cara. Sin esperarlo y sin mediar palabra, se lanzó hacia mí y comenzamos a besarnos desesperadamente. Me cogió en brazos y me sentó sobre la encimera de allí al lado, abrí las piernas quedando él entre ellas y nos miramos fijamente… Después de eso, todo se volvió negro por un momento. Su enorme verga había penetrado salvajemente en mi interior…

 

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