Disfruta sin complejos

Me encontraba de rodillas frente a aquel hombre desnudo de cintura para abajo, con su flácida polla entre mis manos. Masajeándola para ponerla dura y empezar a comérmela como si no hubiera mañana.

El hombre de hoy era un hombre algo mayor, de más de cincuenta años, divorciado y feliz, según me contó en la cita. Estuvo muchos años casado con una mujer algo menor que él pero cuando comenzó a trabajar, conoció a una chica aún más joven y tuvo una caliente aventura con ella. Después de eso, se divorció de su esposa y decidió que quería vivir la vida a su manera. Sin ataduras que le amarraran o le impidiera disfrutar de alguna que otra sesión de sexo alocada con jóvenes dispuestas a todo con él.

Era un hombre adinerado y con una empresa propia que le dejaba unos salarios muy buenos. Tanto, que podía permitirse viajar donde y cuando quisiera y estar de un lado para otro sin ningún tipo de problemas.

Me había contratado porque estaba de visita en la ciudad y nos conoció a través de un amigo. Me vio y dijo “haberse quedado anonadado”, quería que fuese yo la que satisficiera sus instintos primarios y por eso me encontraba allí, empleándome a fondo para que se quedara contento con mis servicios y de paso pasar un buen rato yo también. Al fin y al cabo, hago esto por algo, y una de las cosas es, porque me gusta. Adoro todo lo relacionado con el sexo. Me encanta follar y que me follen de todas las maneras que la imaginación alcance a imaginar.

Pocos segundos después de estar allí, haciéndole una buena paja, el cañón empezó a armarse y a ponerse duro y grande. Se notaba que el hombre se mantenía bien en forma en ese sentido.

Cuando lo vio oportuno, puso sus manos sobre mi cabeza, agarrándome del pelo y me empujó la boca hacia su verga dispuesta, para que comenzara a comerla y a mimarla con mi boca.
Seguí sus indicaciones, sin hacerle esperar. Abrí la boca y comencé a mamar. Podía notar como palpitaba dentro de mí, como sus venas cada vez se macaban más pidiendo auxilio.
Entonces fue cuando decidió que quería llevar el control pleno sobre aquella situación. Me agarró la cabeza para que no me moviese, y empezó a follarme la boca sin cuidado. Metiéndola y sacándola las veces que a él se le antojaba. Sintiendo como casi podía asfixiarme al tenerla metida hasta el fondo sin poder hacer nada.

  • Voy a correrme en tu cara. – Me dijo con una sonrisa perversa dibujada en el rostro.

Desde luego, no me opuse a ello… Estaba completamente dispuesta a que me manchara con su recién exprimida leche. Lo único que esperaba, era que después de eso me follara como era debido. Mi emputecido sexo estaba pidiéndolo a gritos, expulsando su jugo y manchándome los muslos de forma descarada.

Imagíname allí, arrodillada mientras aquel salvaje me follaba sin descanso…
Pocos minutos después llegó la primera descarga y con ella, el disparo de su semen caliente sobre mi cara. Se sacudió varias veces cuando acabó y se quedó allí, de pie, intentando recuperar el aliento para pasar al siguiente nivel.  Me miraba desde arriba con cara de salido mientras mi fulana hacia acto de presencia.

Tras esto, esperando que pudiera recomponerse, fui al baño a limpiarme un poco y salí decidida de disfrutar de mi esperado polvo.

Allí estaba. Tumbado en la cama con la bandera izada, esperando que yo empezara a darle caña. Desde luego que lo hice. Me puse en cuclillas sobre él, coloqué su polla en mi orificio completamente empapado, y sin esperar, me senté de golpe sobre ella.

Ahora sí que iba a pasármelo bien. Llegó el momento de disfrutar junto a mi amante a contrarreloj.

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