Cumpliendo fantasías

Mi nuevo amante a contrarreloj siempre había tenido una pequeña fantasía que hasta el momento no había podido cumplir así que vino a vernos y en esta ocasión, yo fui la que iba a hacer ese sueño realidad.

La verdad es que era algo bastante “normal”, no era algo tan difícil de conseguir como para que no hubiera podido cumplirlo todavía.  Su fantasía era hacerlo con una secretaria sexy.

Él tenía un negocio propio bastante fructífero, y trabajaba en su oficina. Tenía una chica de secretaria que le gustaba mucho y no podía dejar de fantasear con echar un buen polvo allí en el trabajo, pero la chica parece ser que no estaba interesada, tenía un marido al que amaba por encima de cualquier persona.

Me había citado en un restaurante, íbamos a cenar y después me llevaría hasta su oficina para que por fin se hiciera realidad eso que tanto tiempo llevaba esperando. No soy su empleada pero no hacía falta, no iba a tener un segundo de aburrimiento conmigo…

Como siempre, antes de ir a la cita me preparé a conciencia. Me di un buen baño de espuma y me vestí con ese uniforme con el que solía ver a su secretaria cada día. Falda negra estrecha hasta mitad del muslo, chaqueta y camisa roja abierta y dejando ver mis encantos. Los tacones por supuesto, era algo que no podía faltar. Sencillos y altos.

Cuando la hora se aproximaba salí de casa camino a nuestra cita. Ese restaurante en el que comenzaría nuestra aventura.

Al llegar a la puerta del restaurante, allí estaba él esperando en la puerta. Con ese porte de empresario que le hacía tan sexy.

  • Buenas noches. – Me saludó sonriente mientras me besaba con dulzura la mejilla.
  • Buenas noches, cielo. – Contesté contenta.

Me moría de ganas por comenzar a jugar en ese despacho.

La cena fue espectacular y la compañía, inmejorable. Las palabras salían sin forzar, había feeling entre nosotros. Era tan interesante… Cada vez que abría la boca para decir algo, mi fulana interna intentaba hacerse presente. Mi entrepierna comenzaba a cobrar vida también y un cosquilleo caliente me recorría por dentro. No veía la hora de llegar a la oficina.

Por suerte, llegó el postre. Un sabroso helado de nata y fresas. Lo vi muy apropiado para la situación. Cuando acabamos de comer, se encargó de pagar la cuenta y salimos agarrados del brazo.

El camino hasta el hotel lo hicimos en su impresionante y lujoso coche, puso música mientras seguíamos hablando, conociéndonos. Tenía buen gusto. La música que sonaba era jazz.

Al cabo de pocos minutos llegamos a la ansiada oficina. Por fin había llegado la hora de comenzar a jugar.

En ese justo momento, tomé el control de la situación. Me puse frente a él, y fui empujándolo poco a poco, obligándole a caminar hacia atrás sin tocarle, hasta que cayó sobre la silla detrás del escritorio de roble perfectamente ordenado.

Su sonrisa empezó a aparecer. Le estaba gustando el plan. Empujé la silla contra la pared, y comencé a bailar sensualmente, rozándome con su cuerpo caliente, insinuándome…

Me agaché y abrí sus piernas. Mientras comenzaba a desabrocharle el pantalón, me lancé sobre sus labios. La acción no había hecho más que comenzar.

Liberé su miembro de los pantalones y comencé a devorarlo hambrienta. Era toda una delicia… No iba a parar hasta que me manchara la cara con su semen caliente. Quería sentirme sucia. Quería hacerle llegar al punto más alto sólo con mi boca. Después de proporcionarle ese primer dulce orgasmo, me quitaría la ropa interior sin quitarme la ropa, me sentaría sobre él y comenzaría a cabalgar hasta que no pudiera soportarlo más y estalláramos juntos como un volcán en erupción y fuera de control.

Esa cita no nos iba a dejar indiferentes.

 

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