Cuando Menos lo Esperas…

Daniela nos relata su velada:

 

Para esta cita sólo tenía que cumplir con un deseo, un morboso deseo de mi amante a contrarreloj. No llevar ropa interior. Este hombre tenía un gusto especial por los polvos “aquí te pillo, aquí te follo”. No le gustaba eso de tener que ir quitando ropa, él pasaba directamente a la acción.

Me encantaba quedar con hombres como él. Los mejores polvos son siempre los improvisados, inesperados y salvajes. Sin sutilezas, pasando de cero a mil en un segundo.

Me gustaba esa sensación de estar con alguien y que en cualquier momento pudiera embestirme con furia contra una pared. Sólo de pensarlo, un cosquilleo transformado en sutil humedad empieza a recorrer mi delicada entrepierna.

Habíamos quedado para ir a un club de hípica. Él era uno de los peces gordos del lugar, un hombre reconocido e importante en la empresa. Yo era su acompañante esa noche, primero para una cena formal y seria, y luego para convertirme en su esclava sexual. Dispuesta a satisfacer sus feroces deseos sexuales.

Había escogido para la ocasión un elegante vestido negro que terminaba justo encima de la rodilla. Estrecho, marcando mis peligrosas curvas de femme fatale. Taconazos de aguja, pelo suelto y bien peinado. Encajaba perfectamente entre la multitud de aquel lugar. Sólo escondía aquel pequeño secreto, mi sexo estaba a disposición de aquel hombre.

Sólo caminar así, agarrada a su fuerte brazo, e imaginando lo que me esperaba en cualquier momento, me humedecía de deseo. Tenía que apretar mis muslos para intentar controlar aquel depravado deseo.

La cena fue fantástica, y conocí a gente muy interesante. Hombres atractivos y adinerados en los que pude ver reflejado en sus miradas, el deseo que provocaba en ellos. Esa es una de las sensaciones más maravillosas del mundo para mí. Adoro sentirme deseada.

La música empezó a sonar, y mi amante a contrarreloj me cedió su mano, invitándome a la pista de baile. Una melodía romántica envolvía el lugar. Me tomó de la cintura, pegándome a su musculado cuerpo y comenzamos un vaivén compenetrado con la música que sonaba.

Sentir su cuerpo contra el mío, empezó a liberar mi libido. Se veía tan sexy vestido de aquella forma, con su traje hecho a medida, sin duda, un cuerpo que parecía cincelado por los mismísimos dioses, se escondía debajo de aquella ropa.

Iba notando, sin poder evitarlo, como mi cuerpo se humedecía cada vez más, con el simple roce de mis piernas y con las imágenes que se sucedían en mi mente.

 Estás extremadamente sexy esta noche. -Susurró a mi oído y todos los vellos de mi piel se erizaron al sentir su respiración-. ¿Notas lo que provocas en mí?

Me apretó aún más contra él y volvió a decir:

Claro que lo notaba. Una sonrisa pícara me delató. Un abultado paquete se apretaba contra mi cuerpo. Sólo de pensar en el momento en el que esa cosa se clavara dentro de mí, una descarga me recorrió, y di un pequeño brinco acompañado de un ahogado gemido.

Él se percató de la situación, esperó a que acabara la canción e inmediatamente después, me condujo escaleras arriba, hasta adentrarnos en una habitación.

Por fin ha llegado el momento. Pensé. Y no me equivocaba.

Se abalanzó sobre mí, y comenzó a devorarme con ganas. Besándome y mordiéndome los labios. Empujándome poco a poco contra la pared. Sus manos ágiles se deslizaban por mi cuerpo, por cada una de mis curvas. Estábamos fuera de control.

El deseo era incontrolable. A aquellas alturas, mis jugos ya habían empezado a recorrer mis muslos internos.

Al notar como mi espalda chocó con la pared de la habitación, con desespero le desabroché el pantalón y liberé aquel regalo que tenía escondido para mí.

Una preciosa, gorda y durísima polla ya empalmada me apuntaba deseosa. Pasé mi lengua por mis labios, pensando en cómo sabría, pero de momento no pude averiguarlo. Tendría que esperar.

Me cogió en brazos, y le rodeé la cintura con mis piernas mientras mis brazos se agarraban a su cuello y en un segundo, noté como su verga entraba en mi chorreante y caliente vagina.
Me hizo soltar un grito y una de sus manos me tapó la boca.

Ssshhh… No pueden oírnos.

Dijo mientras me embestía con fuerza, una y otra vez. Estaba gozando como nunca. Me costaba muchísimo mantener callados aquellos alaridos que querían salir de mi interior.

Notaba como entraba y salía completamente de mí, encajábamos a la perfección. Cerré los ojos y me preparé para recibir ese increíble orgasmo que fulminó con una follada impresionante haciéndome temblar de placer.
Y allí seguía él, follándome sin descanso. Sabía que en pocos segundos volvería a correrme para él.

Aún quedaba mucha noche por delante…

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