¡Conociendo a María!

Desde que empezó a colaborar con Perlas de Blanca, no ha dejado de sorprenderme lo mucho que María me recuerda a mí cuando empecé mi aventura en el mundo del erotismo y el sexo de pago. Esa manera de volverme loca, de experimentar, de disfrutar, de sentirme deseada, de querer ser complaciente y complacida… de vivir por y para el sexo.

No quiero presumir, pero como puedo, lo hago ;).

Gustaba mucho a mis clientes. Siempre volvían a verme y tenía mucho más trabajo del que podía atender. Pasaba el día en el apartamento, corriendo entre cita y cita para que todo estuviera perfecto para mi siguiente “amante a contrarreloj”.

Me apasionaba esa sensación de sentirme tan deseada. Mientras esperaba la llegada de mi nuevo cliente, me excitaba pensando que ese hombre que venía, me deseaba tanto, que estaba dispuesto a pagar una generosa suma de dinero por tenerme, por poseerme. No podía evitarlo, me sentía tan sucia como excitada.

Quiero pensar que estaba obsesionada, pero creo que el adjetivo más acertado es ‘enferma de sexo’.

Las últimas horas del día, mis últimas citas, los últimos jadeos con mis amantes, los pasaba pensando en qué haría esa noche. Bajaría a ver al vecino del segundo, David, un chico impresionante de 38 años que hacía que todas las féminas del bloque mojaran sus braguitas. Era perfecto, pero hablaba demasiado mientras follábamos. O quizá iría Al Sueños, un bar de ambiente liberal de lo más divertido. Otra opción era llamar ‘al bombero’, también lo hacía genial y hablaba bastante menos que mi vecino. Siempre tomaba esa decisión mientras conducía de camino a casa.

Recuerdo estar algún domingo en casa, tranquila, sin que mi teléfono suene con el tono que le tenía asignado a mi jefa y, no querer hacer nada excepto “lo único”. Mi jefa se reía cuando le escribía para preguntar: ¿nadie me desea hoy? ¿ningún hombre sediento de sexo al que saciar?

Me pasaba el día entre clientes, masturbaciones solitarias y sexo civil. Todo era perfecto.

Pues María, mis queridos golf@s, me recuerda muchísimo a mí. La única diferencia es que en Perlas de Blanca las chicas solo hacen una, máximo dos citas al día y tienen que descansar al menos dos días a la semana. Pero obviando eso, es impresionante como nuestra preciosa compañera está viviendo el sexo estos días.

María es una chica normal. No tiene una historia dramática a sus espaldas, al contrario, ha tenido una vida feliz y muy plena. Ha llegado al mundo de las escorts para quitarse esa espinita tan obscena que dice tener, además de por ganarse un buen extra. Lo que quiero transmitir es que nuestra nueva Escort en Madrid es una chica normal, aplicada en sus estudios, educada, cultureta, de buena familia. Es espontánea y todo lo que hace, lo hace con la naturalidad que tanto le caracteriza y que no es, ni de lejos, la típica chica que viene de vuelta de todo y que tan fácilmente te puedes encontrar por estos lares.

Me ha preguntado varias veces si era posible hacer más servicios. Alega que no es por motivos económicos, sino porque no puede dejar de lado esa sensación morbosa de saber que los hombres la desean más de lo que ella podía imaginar. Me cuenta que se pasa excitada todo el día, que solo puede pensar en tener sexo con desconocidos, que ha empezado a frecuentar locales de ambiente liberal, que va por la vida provocando a cualquier hombre que se cruce con ella. En el supermercado, en el trabajo, en el metro… la edad y el físico han pasado a un plano muy lejano. Dice que siente la necesidad de masturbarse como nunca antes lo había hecho, que piensa en la cita que tiene reservada y no puede evitar tocarse pensando en que ese desconocido quiere disfrutar de ella. Que mientras se masturba, piensa en sus citas y sus clientes.

¡Tal como me pasó a mí; os habéis convertido en su mejor y más real fantasía!

Por todo esto, he querido hacer una mini entrevista a María, para que sepáis de primera mano cómo está viviendo nuestra nueva Escort en Madrid los primeros días de su excitante aventura. ¡Que la disfrutéis!

Me apetecía invitarla a comer, así que la he citado en el restaurante El Filandón, que me encanta. Conocí este sitio gracias a Luis, un gran amigo, tanto de la casa, como personal, que nos llevó a mi padre y a mí en una fecha señalada. Le he cogido el gusto al sitio (se come realmente bien) y, además, al tener varias salas y terrazas, es muy discreto para poder hacerle a María un montón de preguntas indiscretas.

Aquí llega. Esta chica es realmente espectacular. Va vestida muy casual pero pero no le falta un detalle. Es muy insinuante.

Blanca: Hola María. ¡Estás preciosa! ¿Qué tal?

 

María: Hola bella jefa (y me da un beso en la mejilla. Es una zalamera). Pues bien, aunque me has citado al final de Madrid y lloviendo y casi no llego, pero muy bien – María no para de sonreír juguetona.

 

María: Así jefa así. Directa al grano. Pero, ¿vas a apuntar todo lo que digamos?

 

Blanca: Pues claro, no quiero que se me olvide ningún detalle y no tengo la mejor memoria. Es una entrevista y hay que hacerla bien. Si no quieres que apunte, la grabo, para mí mucho más cómodo.

 

María: ¡Eso, eso! Que se note que eres una profesional. (risas de las dos)

 

B: Cuéntame que tal los primeros días. Dame detalles porfa. Cómo te sientes, cómo lo estás viviendo.

 

M: Pues la verdad, Blanca, lo pensé mucho tiempo antes de decidirme a llamarte. Es cierto que cuando hablé contigo la primera vez, me dio mucha tranquilidad para aventurarme, pero nunca imaginé que iba a disfrutarlo como lo estoy haciendo.

 

B: ¿A qué te refieres?

 

M: A ver, a mí siempre me ha gustado el sexo. Siempre he sido lanzada y he tenido mucha iniciativa, pero no esperaba que al empezar como Escort pudiera girar todo en torno a eso. Solo pienso en sexo. Ya sabes que, por mí, haría más servicios. No sé cómo explicártelo, pero me paso el día pensando en que un montón de desconocidos quieren hacerme suya.

 

B: Te entiendo mejor de lo que crees. Dome, ¿cómo ha influido este cambio en tu vida personal? Me refiero a cómo vives el sexo fuera de Perlas de Blanca.

 

M: Pues no sé, Blanca. Me estoy volviendo loca o yo qué sé, pero no me lo quito de la cabeza. Ya te he contado que he empezado a frecuentar xxxxx (local de ambiente liberal) porque me paso el día pensando en tener sexo con desconocidos. Me he aficionado al porno. Otra locura, porque paso más horas viendo porno que durmiendo, pero chica, que me levanto tan contenta después de no haber descansado más de 5 horas. Menos mal que vivo sola. Esto sería muy difícil si conviviera con alguien o tuviera pareja. – María se ríe y me provoca una risilla tonta mientras descubro que es la viva imagen de lo que yo viví -.

 

B: Perfecto. Ahí quería llegar. – Le digo con una sonrisa malévola –. Si ves mucho porno, debes masturbarte a menudo. ¿Qué me cuentas sobre eso?

 

 

M: Pues tú te ríes, pero no tiene gracia, Blanca, que me paso el día como una salida. Tocándome hasta en los baños públicos. ¿Sabías que hay páginas web son solo de porno de ese tipo? Chicas tocándose y teniendo orgasmos.

 

B: ¿Han cambiado tus preferencias pornográficas o antes no veías porno?

 

M: Sí, claro que veía porno, pero muchísimo menos. A lo mejor me ponía un vídeo para masturbarme, pero vamos, no más de 3 o 4 veces al mes. Pero es que ahora, Blanca, ahora no hay día que no vea una media de 3 horas de porno. Y eso no es normal!

 

B: Y tus preferencias pornográficas, cuéntame si son las mismas.

 

M: Vaya con las preguntitas… A ver, me sigue gustando el porno tradicional, pero es cierto que estoy curioseando mucho en la red. Ahora veo cosas que pensé que nunca llamarían mi atención. Hay cosas que no daba por sabidas y me llaman mucho la atención.

 

B: ¿Cómo qué?

 

M: La clase de vídeos que me llaman la atención, son raros. No sé si me va a gustar que publiques estas cosas, eh!

 

M: Me gusta el porno donde la chica tiene una actitud sumisa. No me entiendas mal, no la azotan ni insultan ni nada de eso. Va más allá. Es una dominación intensa, de sensaciones. También me he aficionado al ver vídeos de chicas jóvenes con hombres más mayores. No muy mayores, pero si lo bastante como para que llame la atención la diferencia de edad. Me pone mucho verlos disfrutar de la juventud que ellas le brindan.

 

B: Perdona que me ría tanto, nena, es que a mí me pasó exactamente igual. Me pasaba la vida pensando en sexo, viendo porno y masturbándome como una enferma. Con el tiempo te tranquilizas, menos con el porno. Eso va a más. – Nos reímos como adolescentes. Entre las confidencias y el vino, está siendo divertido –. Dime, ¿ha cambiado tu manera de masturbarte estos días?

 

M:Pues no me lo había planteado, la verdad, pero ahora que lo dices, sí, ha cambiado bastante. Estoy experimentando muchos cambios en todo. Antes mi masturbación consistía en lo tradicional. Te pones porno, te tocas, te corres, te duchas y sigues el día. Ahora no. Ahora preparo esos momentos con más detalle. Me ducho, me pongo algo sexy, música sugerente, preparo varios vídeos curiosos; a lo mejor uno de chicas con hombres mayores, otro en el que el hombre prácticamente viola la boca de la chica, otro en el que la chica está tumbada sobre una mesa y un montón incontable de hombres se acercan para disfrutar de ella. No sé, muchos vídeos y todos de diferente contexto. Me sirvo una copa de vino, me relajo y, le dedico mucho tiempo y mimo al quehacer.

 

B: ¿Algo más que te apetezca contarme?

 

M: Pues me gustaría terminar el vino y el postre, si te parece bien. – Me dice mientras levanta su copa para brindar.

 

Y así, mis queridos golf@s, es como María me ha ganado un poquito más…

 

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