Báilame el agua

  • Quiero que me hagas todo lo que se te pase por la mente, pero no será donde siempre. Esta cita es diferente…

 

Interesante. Eso fue lo primero que pensé cuando me dijo aquello. Esta calurosa noche de verano tendría una caliente cita al aire libre, en la casa, bueno más concretamente, en la piscina privada de su casa. Me encantaba la idea. Seguro que sería una cita muy divertida.

 

A las ocho en punto, pasó a recogerme en su coche deportivo, puntual como siempre. Era un chico joven y guapo. Empresario. Habíamos quedado en varias ocasiones ya y la verdad, era un hombre activo que sabía muy bien qué hacer.

 

Me subí al coche mientras nos saludábamos con una amplia sonrisa, sabiendo que la diversión estaba asegurada desde ese mismo instante en el que nos encontramos.

Un cosquilleo interno empezó a recorrerse de la cabeza a los pies.

 

Pocos minutos después, llegamos a su preciosa casa de lujo y allí lo tenía todo preparado. En el jardín, la mesa puesta vestida con un paño blanco, unas flores alrededor, y una cara botella de vino esperando a ser descorchada.

 

  • Siéntate. – Me dijo ofreciéndome asiento gentilmente sin dejar de sonreír.

 

Nos sentamos y en pocos segundos, apareció la sirvienta para traernos la cena. Con elegancia la puso delante de nosotros. Una abundante ensalada césar, un surtido ibérico y como plato fuerte, pescado a la plancha con una salsa que no sabría muy bien como describir pero que estaba buenísima.

Mientras cenábamos las risas y el coqueteo eran constantes. La verdad es que siempre me sorprendía. Ninguna de nuestras anteriores citas concertadas había sido como esta. La situación era completamente perfecta.

 

Acabamos de comer y la chica se encargó de recogerlo todo mientras nosotros íbamos hacia el césped, para sentarnos en las butacas de playa que había al lado de la piscina.

 

Me senté en una de ellas, y me tumbé hacia atrás, relajada. Admirando la preciosa noche. Él se sentó a mi lado en la otra silla.

 

  • Me encantan tus piernas… – Me dijo mientras me acariciaba los muslos con una de esas grandes manos que me volvían loca.

 

Mi entrepierna empezó a despertar. Las ganas de follarmelo en la piscina, iban aumentando.

 

Poco a poco se fue acercando a mí hasta que se quedó a escasos milímetros de mis labios. Mi mirada se clavó en los suyos, embrujada viendo como pasaba su lengua para humedecerlos… No podía ni quería resistirme. Le agarré por el cuello y le di planté un beso de esos que hace que tu sangre comience a hervir.

Sus manos comenzaron a jugar con mis pecho, apretándolos y amasándolos como sólo él sabía.

 

En ese momento recordé sus palabras: “quiero que me hagas todo lo que se te pase por la cabeza”. Era el momento de comenzar a jugar.

Le alejé de mí empujándolo hacia atrás, y captó la “indirecta”. Sonrió y se tumbó sobre el césped fresco.

Sonreí sensual, notando como poco a poco mi excitación aumentaba haciendo que mi sexo comenzara a humedecerse.

 

Me puse sobre él y comencé a besarle, pasando por su cuello y su pecho a medida que iba quitándole la ropa. Fui bajando con mis labios mientras empezaba a acelerarse su respiración. Agarré el botón de su pantalón con mis manos y lo desabroché.

Bajé sus bóxers negros y allí estaba.

Esa polla que tanto placer me había provocado en otras ocasiones y que me follaría de nuevo dentro de unos minutos…

 

Sonreí y la agarré con mi mano para empezar a masajearla, mientras jugaba con mi lengua y mis labios sobre ella. Notando como iba endureciéndose y creciendo. Seguí devorándola hambrienta, completamente descontrolada, metiéndola hasta el fondo casi asfixiándome…

 

Cuando no pude aguantar más mi sed sexual, me puse en cuclillas sobre su miembro duro y sin pensármelo dos veces, me embestí con todas mis fuerzas sentándome sobre él…

 

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