El Placer de la Masturbación

Hoy, a diferencia de como suele ser habitual, no sé por donde empezar a escribir. Por lo general solo tengo que revivir la historia en cuestión en mi cabeza y plasmarla como me gustaría leerla a mí. Unas veces queda mejor y otras, pues no tanto, el caso escribir una historia real y conseguir que me excite al leerla. Pero hoy es diferente, hoy me gustaría hablar de la masturbación y lo que puede llegar a significar, y claro, un hecho es un hecho y por lo tanto fácil de desarrollar sobre el papel, pero hablar de lo que significa para mí algo tan íntimo como la masturbación es más complicado.

Llamar “algo íntimo” a la masturbación cuando por mero placer vendemos nuestro cuerpo, parece de chiste, pero no lo es, caballeros. La masturbación es el sexo más egoísta que podemos llegar a tener, el más desinhibido. Masturbarse puede llegar a ser el sexo más explicito que exista. Sí, porque cuando me masturbo tengo capacidad de ser quien yo quiero y estar donde más me apetezca. Estoy todo lo buena que me da la gana y me hacen y dicen justo lo que yo quiero oír y sentir. Puedo estar haciendo el amor de la manera más tierna y en el lugar más significativo o, puedo estar dejándome follar por un regimiento de enormes y suculentas pollas erectas. Incluso las dos cosas en el mismo polvo. La imaginación es maravillosa.

Confieso que no podría vivir sin masturbarme, ya no. Es una deliciosa adicción a la que no estoy dispuesta a renunciar, y aviso, no pienso disculparme ni sentirme mal por ello.

Las mujeres (cuando no somos profesionales y ni por asomo nos planteamos serlo), tenemos la masturbación como tema “tabú”. Me incluyo porque soy mujer y no quiero estar todo el texto diciendo “todas menos yo” o “todas pero yo no”. Generalizar es más fácil y a mi me gusta ser práctica. El caso, es que pasé mi niñez y principio de la adolescencia acomplejada por salida. Tal como suena. Mis amigas no se masturbaban y yo crecí pensando que estaba enferma, así que aprendí a darme placer de manera autodidacta. Estaba la cosa muy difícil en aquellos tiempos sin internet ni charlas orientativas ni toda la parafernalia que hay hoy.

Ya de muy jovencita empecé a tener sexo con chicos bastantes mayores que yo y, mis amigas (según ellas) seguían sin masturbarse. Se estaba confirmando. Yo, estaba enferma. He ido cumpliendo años y he trabajado en distintos sitios, he vivido en distintos lugares, me he relacionado con todo tipo de mujeres y no, prácticamente ninguna se masturbaba. Los chicos sí. Siempre ha habido historias sobre vosotros y vuestras masturbaciones colectivas con los amigos. Habéis conseguido hacer un mito del Juego de la Galleta.

Mientras vosotros os matabais a pajas y la mayoría de las chicas se ofendía cuando se hablaba del tema, yo, cada vez estaba más enferma. Ya somos mayores, tenemos novios, muchos, follamos como cabronas siempre que podemos, pero no, no nos masturbamos, y aunque yo nunca dejé de darme placer a mi misma, muchas veces me sentía mal por ello.

Cuando digo que estoy enferma no es una conclusión propia, esa es la frase que más me han dicho a lo largo de mi vida cada vez que he explicado a alguien lo que significa la masturbación para mí.
Después de tantos años de práctica soy toda una experta en el tema, conozco mi cuerpo como la palma de mi mano y masturbarme ya es algo de mi día a día. Puedo no hacer deporte, no tener 10 minutos para una llamada, puedo no ir a la manicura porque el día se me tuerza y no pueda sacar tiempo, pero jamás, y jamás es jamás, acabo un día sin masturbarme varias veces. No importa cuanto de activa sea mi vida sexual, no importa que tenga varios amiguetes simultáneos, siempre me he tocado ansiosa. Y cuando empecé a trabajar como escort, a pesar de disfrutar plenamente en la gran mayoría de mis citas y de tener varios amantes personales, además de hacerme clienta habitual de distintos bares de intercambio a los que siempre iba sola, seguía masturbándome como si no hubiera un mañana.

Y es que masturbarse puede ser todo un ritual. A mí personalmente me gusta hacerlo con porno. Dios santísimo! Me encanta el porno. Puedo pasar una hora buscando los vídeos perfectos, total para ver dos minutos cada uno y terminar cerrando los ojos y follándome vete a saber quién o qué.
Cuando era estudiante podía no salir varias semanas seguidas, incluso no salir en meses por haber gastado el presupuesto en pilas. Y habrá algún listo que diga, sí hombre, mentira pq los hay a luz. Sí pero no, el primer juguetito que me compré funcionaba a corriente, recuerdo que me costó un ojo de la cara y parte del otro, ya que recordemos que ni internet ni la oferta ni la demanda eran lo que son hoy en día. Se quemó la batería a los 4/5 meses y con mi presupuesto de estudiante, tardé casi UN AÑO en poder comprar otro. Que mal recuerdo guardo de aquel año coño. Porque no es lo mismo hacerse “cositas” a mano un par de veces a la semana que hacerse 6 pajas al día, así que después de una infiltración en la muñeca y dos en el pulgar de mi mano derecha, pasé un año de mierda hasta que uno de los chicos que me beneficiaba y yo, compramos entre los dos una balita vibradora. De nuevo feliz <3 :).

Hoy en día tengo tantos que hace tiempo que dejé de ponerles nombre. Ahora soy una chica despiadada. No doy lugar a establecer vínculos emocionales porque solo los utilizaré un rato a mi antojo y, seguramente, me desharé de ellos en no mucho tiempo y los sustituiré por uno mejor que pueda darme más placer.

Lo maravilloso de masturbarse es que hacemos realidad todo aquello que la vida real no nos permite, aquello a lo que no nos atrevemos o, ese “algo” que NI LOCOS llevaríamos a cabo.

Pues a mí me encanta estar loca. Me gusta tanto que creo que mi locura es mi mayor virtud…

Una respuesta a “El Placer de la Masturbación”

  1. ANTONIO

    Madre mía Blanca, me he puesto tontorron leyendo tu relato de la masturbación y me he sido travieso dos veces pensando en ti…Bufff (soy Isra, un besote)

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