Complaciendo a Pablo

Todo comenzó hace cerca de una década, cuando salía con Pablo. Yo era casi una cría…

He de confesar que la idea de dejarnos caer por un local liberal no me entusiasmaba demasiado al principio.

Pablo era y es quince años mayor que yo, es decir, por aquel entonces, ” cuando yo iba… él volvía… ” no sé si me entendéis…!

A pesar de que nunca me faltó picardía, de alguna manera, me sentía un poco vulnerable ante él y siempre acababa por ceder a sus deseos.

Lo nuestro era una relación sexual con algunas pinceladas románticas.

Podría decir que Pablo era un ADICTO AL SEXO.

En cambio yo era su particular e inocente “Lulú” , a quién esculpió a su imagen y semejanza.

Aquella tarde de sábado, estábamos los dos en su apartamento de recién divorciado. Apenas llevábamos un mes saliendo no sé si oficialmente o no, nunca nos gustaron las etiquetas.

Habíamos tomado algunas cervezas, seguidas de dos ” gin-tonic “, claro está, después de una buena comida.

¡ La Gloria Bendita!

Contábamos -¡¡empate a tres!!- Era nuestra peculiar forma de competir por ver quién llegaba más veces al éxtasis !

Antes de convertirme en multiorgásmica, solíamos igualar el resultado…

Ya eran varias las ocasiones que Pablo me planteaba compartir sexo con terceras personas, para no caer en la monotonía…

Aquella tarde-noche accedí a su propuesta .

Llegamos a la puerta de aquel lugar clandestino. Era increíble, pero….¡ había cola!

Tras breves minutos de espera, pasamos al recibidor del oscuro recinto; un forzudo nos cobró las entradas y una mujer muy bien hecha, nos hizo de guía por el local.

A simple vista parecía un “pub” cualquiera, con su barra, licores, camareras ligeritas de ropa y televisiones por todas partes.

Solo que en vez de reproducir videoclips de música, ofrecían cine porno de una calidad muy normalita, pero suficiente para entonar el cuerpo de cara a lo que nos esperaba en el interior .

Había un laberinto delimitado por rejas.

Estaba decorado en forma de submarino un tanto abstracto.

Paredes acolchadas en tono rojizo, varias mesitas transparentes acompañando alargados sofás de cuero, a juego con la luz tenue que nos envolvía.

Lorena, que es como se llamaba la R.R.P.P. nos hizo entrega de una llave de taquilla, dos bolsitas de plástico que contenían : toalla, sábana y zapatillas desechables y un par de preservativos.

¡Muy apañados!- pensé-.

Mi chico y yo hervíamos en deseo… nos besamos con vehemencia allí mismo, a medio desnudar, ante la mirada de algunos morbosos que también se encontraban cerca del vestidor.

Podía sentir la pulsión de su miembro oprimido contra mi vientre… el hecho de que nos observaran , me excitaba aún más.

Cubiertos con tan solo una toalla, paseamos por la sala, con otras dos copas en la mano y nos acomodamos junto a una mesa en una especie de camarote.

De alguna forma conservábamos cierto anonimato, pues con la escasa iluminación, apenas se adivinaban los rostros de las personas que allí se devoraban, sin mesura, los unos a los otros.

Aquello parecía una especie de canibalismo obsceno…

Al respirar esnifaba involuntariamente el aroma del SEXO, que se clavaba directo en mi hipotálamo… despertando en mí sensaciones y ansias inexploradas.

-¡ Mira esos cuatro!- le dije a Pablo, dirigiendo la mirada con discreción hacia un diván rojo, enfrente de nosotros.

Sus voces eran escandalosas…

Tres hombres y una mujer … la muy guarra estaba a cuatro patas mientras penetraban cada uno de sus orificios accesibles…

-¡ Y porque no tiene más huecos….!- añadí susurrando en tono irónico, a través de la música que sonaba.

Pablo sonreía….

-No seas traviesa…- me decía con entrecortada voz mientras se masturbaba, animado, contemplando aquel “show”.

Recostada junto a él, insinuante, retiré con sutileza, parte de la toalla que cubría mi cuerpo desnudo, dejando al descubierto el pubis, y comencé a acariciarme…

Mi amante no pudo resistirse y me folló allí mismo estilo misionero ante la mirada de otros tantos….

Intercambiábamos miradas sucias…cargadas de desenfreno.

Recuerdo que aparecían manos de entre las paredes, a través de agujeros tallados a propósito… manos de desconocidos que como palos de ciego, nos magreaban.

-¡ Cuatro a cuatro!- dije tras llegar al clímax! mientras, algo incómoda, me cubría de nuevo con la tolla blanca.

– Vamos a la “Jacuzzi” un rato… le sugerí.

Todo aquello era novedoso para mí y necesitaba un descanso….

Pausa breve… pues la quinta embestida del día fue en aquella bañera enorme de burbujas.

Una pareja vecina, también sumergida en el agua tibia, se acercó con disimulo a nosotros…

La mujer, muy atractiva, algo mayor que yo por entonces, friccionó su mano contra la mía tendidamente…

Al parecer, el lenguaje no verbal utilizado en este libertinaje es retirar la mano si no se desea compartir la sexualidad… o dejarla estar, para “a posteriori”, pasar a mayores….

Después de su brazo acaricié la aterciopelada piel de sus senos… aliento con aliento redibujamos nuestras siluetas al compás de un “Jazz” exquisito… mientras nuestros respectivos hombres se pajeaban.

No me lo monté con ella. No en aquella ocasión.

Me retiré con Pablo a un “camarote privado” buscando un poco de intimidad… y allí nos encontró a ambos el quinto y penúltimo orgasmo del sábado.

La siguiente semana, aficionados, repetimos la experiencia… pero eso forma parte de otro capítulo…

¡Y pensar que hasta aquella noche, en temas de cama, tres ya me parecían multitud!

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